¿Dónde buscamos la felicidad?

“Dime qué buscas y te diré quién eres” es una adaptación de un tradicional dicho popular (dime con quién vas y te diré quién eres) y que si bien tiene un importante significado para las empresas de telecomunicación, en especial, los especializados en marketing, también podemos emplearlo para entender el sentido trascendente de la búsqueda de la felicidad.No nos resultará difícil establecer dicha relación, pues buscamos aquello que deseamos. Si nuestra mente percibe un mundo de placer y gozo, inclinará a nuestros deseos para que nos estimule a ir en la búsqueda de aquello que elegimos como propiciador de lo que deseamos. Si lo que buscamos es gozar y disfrutar de los placeres que nos ofrece la naturaleza, tomaremos la decisión de buscar los medios necesarios para que dicho deseo se vea satisfecho. Bien, hasta aquí, todo es entendible y bastante cercano.No todos buscamos la felicidad en la misma dirección, y si preguntásemos cuál es la razón de esta variedad, la opinión mayoritaria coincidirán en decirnos, que cada uno es como es, queriéndonos con ello decir, que buscamos en función a cómo somos y dado que somos tan diferentes, pues buscamos cosas diferentes.Siguiendo la reflexión que hemos propuesto, me gustaría ahondar un poco más en esa idea. Hasta lo único que tenemos claro, es que aquello que buscamos es una pista inequívoca que hablará sobre cómo somos, mejor dicho, cómo nos creemos que somos. Pero, la cuestión que me planteo a continuación es la siguiente: ¿El logro de lo que hemos buscado nos aporta la felicidad? Cuidado que es una pregunta con trampa. Entre las posibles respuestas, encontraremos aquellas que nos confirman que en efecto, el logro de lo que deseaban les ha aportado felicidad, pero que esa misma felicidad se asemeja a la belleza de las flores, es efímera y transitoria. Por lo tanto, no les queda otra que seguir buscando nuevas sensaciones, nuevos deseos que hagan posible el encuentro con una felicidad más duradera.Podríamos entrar en analizar los efectos de los síntomas post-vacacionales que tanto ruido aportan en los noticiarios y que vienen a demostrarnos que toda felicidad que no sea permanente, tiene un efecto poco saludable para el que lo experimenta. Parece que en lo más profundo de la persona, no buscamos una felicidad pasajera, sino eterna. Las reacciones depresivas a las que muchos se ven abocados, demuestran que lo que estamos buscando, es mejorable, y demuestran, igualmente, que si lo que buscamos define lo que somos, entonces, hemos tocado un tema más delicado y profundo, el sentimiento de identidad. Si no estamos satisfecho con los logros de aquello que buscamos, tampoco estaremos satisfecho con lo que creemos ser y eso se traduce en problemas de autoestima y desvalorización del yo.A lo largo de otras Lecciones ya hemos tenido ocasión de hablar de los conceptos «bien-estar» y «bien-ser». El «bien-estar» responde a la búsqueda de la felicidad desde una visión egoica, es decir, desde la creencia en la separación, lo que propia el despertar de emociones basadas en el miedo, en la culpa y en el odio. La búsqueda del «bien-estar» nos lanza a la conquista de los deseos sin tener en consideración los deseos de los demás. Nos adentramos en una sociedad donde se valora en exceso la competitividad y donde se justifican los medios para alcanzar los fines propuestos. Al final de ese desgastador sendero, tan solo nos aguarda la visión de un camino tortuoso en el que hemos ido dejando víctimas y enemigos, con las cuales nos hemos enfrentados en nombre de la conquista de aquello que hemos llamado nuestro «reino» y donde lo único que podemos gobernar son nuestras insatisfacciones, nuestros miedos, nuestro dolor, nuestra soledad, nuestra pobreza, nuestras enfermedades, nuestras tristezas…El «bien-ser» nos invita a desarrollar los puntos más importantes que nos enseña la Lección que estamos desarrollando. La visión del «bien-ser» tan sólo busca la verdadera felicidad, pero esa búsqueda no es externa. No se busca fuera lo que tan solo se puede encontrar dentro, en el interior del ser. Por lo tanto, la felicidad no es un logro basado en la posesión, sino en un «estado del ser». Es nuestra condición natural y para tomar consciencia de esto, nuestra mirada ya no se posa en el mundo de la percepción corporal, sino en el mundo del Espíritu, nuestro verdadero ser.

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